
A la movilización de personas con discapacidad debe dársele la importancia que tiene. Se trata de un acto profesional, quizá el más frecuente y previo a muchos otros que, como tal, requiere un estudio serio, un aprendizaje de la técnica y un entrenamiento repetido, a fin de adquirir una actitud y unos hábitos correctos.
La buena práctica gestual, fundamentada en la fisiología y biomecánica, nos conducirá a la "economía del esfuerzo con la máxima eficacia", lo cual es indispensable en la prevención del dolor de espalda.
Este acto profesional debe tener en cuenta el proceso de independización de la persona con discapacidad y debe estar encaminado a educarlo en la reinstauración del movimiento fisiológico lo antes posible, a fin de evitar los efectos nocivos de la inmovilidad, respetando en cada momento los muchos factores que inciden sobre él, pero en ningún modo por ignorancia, prisas o rutina se debe retrasar su evolución locomotriz.
Además, hay que tener en cuenta, que los movimientos con personas con discapacidad totalmente dependientes y que requieren un levantamiento o traslado de todo el peso del paciente debe mecanizarse, ya que resultan a menudo demasiado costoso para la espalda.
Finalmente, un buen trabajo en equipo ha de llevar a la elaboración de procedimientos específicos de movilización individualizados, seguros y flexibles para que se adapten a la evolución de cada persona con discapacidad.
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